Un error común entre los adolescentes es no desayunar, creyendo que al saltarse una comida se pierde peso. “En realidad, ocurre el efecto contrario, el organismo intenta compensar esa falta de energía durante la mañana con un mayor aprovechamiento de los nutrientes al mediodía. Esto provoca una conducta de hambre desproporcionada y apetencia por alimentos hipercalóricos en la comida, estableciendo un circuito de hambre-saciedad que no facilita el retorno del equilibrio nutricional”, indica la endocrinóloga.
A la hora de perder peso y luchar contra la obesidad es importante fijarse objetivos pero no tienen que ser los mismos para cada persona. Hay personas que necesitan fijarse objetivos realistas y que vean alcanzables para poder llegar a ellos. Sin embargo a otras personas eso no les sirve y necesitan proponerse grandes retos y objetivos ambiciosos. Sea cual sea tu caso es importante que te plantees qué quieres conseguir, para cuándo y cómo lo vas a hacer.
Lo ideal es que el 20-25% de nuestra dieta debe estar compuesta de grasa buena, es decir, de ácidos grasos esenciales (nueces, semillas, pescado azul, aceite de colza y aceite de nuez, aguacates) y grasas monoinsaturadas (aceite de oliva virgen extra). Reduce la ingesta de tipos menos saludables de grasas (que se encuentra en los productos lácteos pasteurizados, la margarina y la carne) a un mínimo. Comer pescado graso al menos dos veces a la semana, y come unas cuantas nueces y (semillas almendras, nueces, girasol, de calabaza y semillas de lino) con cada bocado.

La sibutramina actúa disminuyendo el hambre y haciendo con que la sensación de saciedad llegue más rápido al cerebro, ayudando a controlar la cantidad de comida ingerida. De esta forma, este medicamento puede ser usado como primer tratamiento en personas con obesidad. Cabe acotar que en algunos países de América Latina su uso ha sido restringido, debido a sus efectos secundarios. 
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